domingo, 12 de abril de 2009

La anécdota de un físico revolucionario

En la década de los 50's, el Comité de Actividades Antiamericanas perseguía a todo el que oliera a comunista. Ni siquiera algunas estrellas de Hollywood se habían salvado. Ser sindicado comunista equivalía a ser antipatriota y tener que pasar una temporada en la cárcel. Uno de los que tuvo que asistir a rendir su descargo al Comité fue el físico Edward Condon.

Edward U. Condon era un distinguido físico estadounidense, pionero de la mecánica cuántica, que participó en el desarrollo del radar en la segunda guerra mundial, director de investigación de Corning Glass, director del Comité Nacional de Estándares y presidente de la Sociedad Física Americana (además de profesor de Física en la Universidad de Colorado en los últimos tiempos, donde dirigió un controvertido estudio científico sobre los ovnis patrocinado por la Fuerza Aérea, que terminó concluyendo que no había evidencia para suponer que los extraterrestres nos habían visitado). Condon se había unido al Proyecto Manhattan, pero renunció a las seis semanas producto de conflictos con el líder del proyecto, el general Leslie Groves. Se convirtió entonces en uno de los físicos cuya lealtad a Estados Unidos fue puesta en duda por miembros del Congreso -incluyendo el entonces diputado Richard Nixon, que pidió la revocación de su acreditación de seguridad- a finales de la década de los 40's y principios de los 50's. El presidente del Comité de Actividades Antiamericanas, el diputado republicano J. Parnell Thomas, dijo que el físico "Dr. Condon" era el "eslabón más débil" en la seguridad americana y -en cierto momento- el "eslabón perdido". Su punto de vista sobre las garantías constitucionales puede resumirse en la siguiente respuesta al abogado de un testigo: "Los derechos que usted tiene son los que le concede este comité. Determinaremos qué derechos tiene y qué derechos no tiene ante el comité".

Albert Einstein pidió públicamente a todos los convocados ante el comité que se negaran a cooperar. En 1948, el presidente Harry Truman —en el encuentro anual de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia, y con Condon sentado a su lado— denunció al diputado Thomas y al Comité de Actividades Antiamericanas porque "mediante la creación de un ambiente en el que nadie se siente seguro contra la publicación de rumores infundados, cotilleos y denigraciones" (algo parecido a lo que sucedía con nuestra prensa amarilla editada por el SIN en el gobierno de Fuimori) puede hacerse imposible la investigación científica vital. Calificó las actividades del comité de "lo más antiamericano a lo que debemos enfrentarnos hoy en día. Es el clima de un país totalitario".

Condon, una vez frente al comité presidido el diputado J. Parnell Thomas, enfrentó una pregunta infame, que suscitó una respuesta por parte suya que ya forma parte de la leyenda. Carl Sagan, una vez alumno de Condon, documentó pregunta y respuesta:

"Dr. Condon, aquí dice que usted ha estado a la cabeza de un movimiento revolucionario en Física llamado... -y aquí el inquisidor lee las palabras lenta y cuidadosamente- ...mecánica cuántica. Este comité piensa que si usted pudo estar al frente de un movimiento revolucionario... también podría estar al frente de otro".

Condon, levantándose inmediatamente de su silla, respondió que la acusación era infundada, pues él no era un revolucionario, ni siquiera en Física. Entonces levantó su mano derecha y solenmente declaró su lealtad a todos los clásicos de la Física: "Creo en el Principio de Arquímides, formulado en el tercer siglo antes de Cristo. Creo en las leyes de Kepler del movimiento planetario, descubiertas en el siglo diecisiete. Creo en las leyes de Newton...", y así siguió, listando una larga secuencia de eminentes científicos cuyo trabajo era todavía válido y respetado: La familia Bernoulli, Fourier, Ampere, Boltzman, Maxwell...

Este catecismo de físico no le ayudó mucho. El tribunal no era capaz de valorar el humor en un asunto tan serio. Pero lo máximo que pudieron achacarle a Condon era que de joven había repartido periódicos socialistas de puerta en puerta con su bicicleta.

Extraído en parte de "El mundo y sus demonios: la ciencia como una luz en la oscuridad", de Carl Sagan

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